
El periodismo sigue siendo necesario en la sociedad en la que vivimos. Las noticias deben contarse y se necesita a una persona para que las cuente; ahí es donde debe aparecer la figura del periodista. Sin embargo, aunque la figura del periodista dentro de la sociedad sea indiscutible, las nuevas tecnologías, lideradas por Internet, han ido poniéndole las cosas complicadas a la prensa impresa que está viendo como su futuro se presenta bastante incierto.
El periodismo en general ha visto como se han ido perdiendo multitud de puestos de trabajos por la crisis que ha ido azotando y que sigue azotando al sector periodístico. Muy representativos son los datos del año 2015 que muestra el Informe Anual de la Profesión Periodística. Dicho informe, que fue elaborado por la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), cifra en 375 los medios de comunicación que han cerrado en España desde que se instaló la crisis.
Más de 12.000 periodistas perdieron el trabajo. Cifras bastante sorprendentes que solo muestran la gravedad de la situación en nuestro país. En Estados Unidos, por ejemplo, las cifras no son tan devastadoras, aunque también son datos elevados. La compañía de medición Nielsen Scarborough detectó una caída del 21% de los ingresos por publicidad en el tercer trimestre de 2016 en tres cabeceras principales: The Wall Street Journal, un 21%; en The Times, un 18%; y en The New York Times, un 18,5%. Estos datos obligan, desde hace años, a plantear estrategias a las empresas de comunicación. Las estadísticas demuestran que nunca antes una desconfianza de este empaque había sido tan contagiosa. Tanto el desconcierto como la desconfianza son máximas a la hora de plantearse un futuro sin la prensa impresa.
Uno de los negocios que, además de los periódicos, se está viendo influido por el mismo problema son los quioscos. Además, es muy significativo el gran número de puestos dedicados a prensa que se pueden encontrar por la ciudad de Sevilla en cada uno de sus rincones. Una de estas afectadas es María Luisa, una quiosquera de Ronda de Capuchinos que lleva 25 años trabajando en su establecimiento. María Luisa cuenta que los días se le hacen algo pesados, debido a la falta de clientes que tiene su negocio. Afirma que el ABC es el periódico que más se vende de todos y La Razón el que menos. Sin embargo, las revistas ya varían el número de ejemplares vendidos por día, ya que no se realiza una compra periódica por parte de los consumidores, al contrario que con los periódicos. Unos periódicos que elevan su precio los domingos, algo que, según María Luisa, “echa para atrás a mucha gente”. Los suplementos que suelen acompañar a estos periódicos son los culpables de ello, lo cual hace que los lectores decidan, en muchas ocasiones, no comprar el periódico un domingo.

La quiosquera lo tiene claro, ella propone “dar la opción de comprar el periódico solo o el periódico con suplementos”, de forma que sea el cliente quien decida qué quiere, y no quiere, leer. María Luisa da a entender que el modelo de venta del periódico está anticuado, que se necesitan nuevas soluciones que ayuden a solventar uno de los problemas que provocan parte de las pérdidas que sufren las empresas periodísticas. Toda esta falta de venta de periódicos y revista hace que, además de vender periódicos, el quiosco tenga la necesidad de abrirse a vender otros periódicos. “Solamente de los periódicos no se puede vivir”, afirma la quiosquera que conoce muy bien cuáles son las otras vías por las que se puede abrir su puesto de trabajo, como puede ser la venta de bebidas, chucherías o recargas de bonobús. Y es que, el mayor flujo de ventas sigue procediendo de la venta de los periódicos, pero lo otro también ayuda al quiosquero a cubrir otros gastos.
Para María Luisa son dos los factores que han propiciado la caída de la venta del periódico: “ la crisis e Internet”. El primero de ellos debido a la escasez de publicidad que azotó a los periódicos y, en segundo, el acceso gratuito a la mayor parte de las plataformas de comunicación periódica. Los quioscos han disminuido sus ventas entre un 50% y 70%, lo que ha supuesto pasar de vender 100 ejemplares del periódico ABC, a solo vender 30. Para intentar rebajar la pérdida de dinero que se produce por la venta de periódicos María Luisa propone “nivelar el precio, ya que las ventas han bajado por lo elevado que es el precio del periódico”. Sin embargo, la quiosquera no piensa que los quioscos se encuentren en ‘peligro de extinción”.
Al igual que existen muchos factores que propician la disminución de ventas de un periódico, también hay motivos que suscitan esperanzas para todos los profesionales de este sector. “La prensa escrita es muy diferente a la del Internet; te informan mejor, más tranquilo, es mejor para la vista… La gente está acostumbrada a la prensa escrita y lo seguirá estando. Es muy difícil que la prensa escrita desaparezca”. Otro de los puntos importantes en este aspecto es conocer el público que decide comprar el periódico cada día, el cual está cambiando con el paso de los años. “Antes eran más los adultos, pero ahora la juventud está comprando ahora muchos periódicos, parece que se están animando, sin embargo la balanza se sigue decantando por los adultos”, explicaba María Luisa.
Sin embargo, no solo los periodistas y los quiosqueros son los más perjudicados también en esta cadena de montaje encontramos a los consumidores quienes pueden ser las víctimas de toda esta evolución. Una evolución que ha provocado un aumento en el precio del periódico para cubrir los gastos materiales debidos a las, cada vez, menos ventas de los diarios y revistas. Entre los consumidores hemos podido conocer la opinión de Nicolás Domínguez, habitual cliente del quiosco de María Luisa, quien comenta su pensamiento sobre la causa de esta decadencia del diario impreso: “En mi opinión el periódico de papel se está muriendo por motivos estrictamente logísticos. El diario escrito hay que producirlo y se necesita una maquinaria pesada, cara y que precise un almacenamiento caro. También obliga a la empresa a seguir horarios y a incurrir más gastos de gestión y de reparto”.

Los consumidores necesitan, además, la motivación en precio/calidad para su consumo puesto que la calidad de los artículos está en el punto de mira de muchos ciudadanos quienes piensan que cada día la información está menos contrastada y es menos veraz. Una información que debe de evolucionar para atraer al consumidor, debe de ser exclusiva y diferente a la demás puesto que está amenazada por la información que se publica de forma online y otros medios con mayor inmediatez, menor precio y misma calidad.
Nicolás nos habla sobre este adelantamiento de la prensa online frente a la impresa argumentando que: “el diario online se actualiza en tiempo real, no cuesta dinero más que el mantenimiento de la página que es infinitamente más barato y no precisa grandes locales para almacenar stocks o maquinaria. Además, se puede mirar desde casa, no tienes que levantarte del sofá para ir a comprar el periódico cada día, ahora enciendes la tablet o el móvil y ya lo tienes ahí”.
Pero, aunque todos tenemos una opinión más o menos similar sobre su decadencia, no todos saben cuál puede ser su salvación de cara a un futuro próximo. Nicolás se muestra confuso ante la posible solución confesando que: “La solución…No hay solución, hay que evolucionar o morir, probablemente morir porque el verdadero consumidor de la prensa escrita es el anciano, quien no está familiarizado con las nuevas tecnologías y que de siempre ha necesitado el periódico para informarse; los jóvenes no necesitan la prensa escrita para ello, ven la televisión y les basta . Si la sociedad y la tecnología avanza, el periodismo tiene que hacerlo también y es ahí donde las rotativas deben optar por invertir en nuevas tecnologías que abaraten sus costes de producción y eso reduzca a su vez el precio del periódico o esperar a su muerte”.

Sin embargo, algo muy diferente piensa Francisco Sánchez, anciano de 80 años de Huelva, quien no comparte la opinión de Nicolás, asegurando que: “ El periódico nos ha servido desde hace décadas para informarnos, es una costumbre tener el periódico encima de la mesa para informarte de las noticias y que no cuesta esfuerzo ninguno hacerse con él, puesto que siempre se suele comprar antes de ir a trabajar o cuando vuelves”. Además, pone de manifiesto algunas ventajas de la prensa escrita frente a la televisión o la prensa online, argumentando que “muchos prefieren la prensa escrita a la televisión puesto que siempre tienes las noticias a mano a cualquier hora del día mientras que en la televisión tienes que estar a la hora del parte y si no lo estás te lo pierdes. Algo parecido ocurre con la prensa online de la que mis nietos hablan y ven en los ordenadores, que no siempre cuentas con internet y que daña a la vista”. Sobre el futuro de la prensa escrita opina que: “No es algo que esté en mis pensamientos pero podría suceder, aunque no creo que el periódico que ha sobrevivido a la lucha contra medios “mejores” que él vaya a desaparecer ahora, más bien evolucionará”.
Se puede concluir, por tanto, que la industria de la prensa escrita vive asustada con la amenaza de Internet como principal “asesino” y competidor. Un temor que se ha agigantado con la crisis económica y la propia crisis del periodismo en la que vivimos hoy día, así como la escasa especialización con la que cuentan sus profesionales y el deficiente número de periodistas que trabajan para un medio de comunicación a cambio de un salario razonable razonable. Todo esto se traduce en un periodismo de baja calidad, donde los periodistas apenas se esfuerzan en conseguir fuentes fiables de los hechos noticiables y donde las el contraste de información es superficial y de escasa credibilidad para los lectores y consumidores. Además a todo esto hay que sumar el abandono de las nuevas generaciones al consumo de este medio de comunicación por el de otros que surgieron ya adaptados a los nuevos tiempos y la influencia que tienen las instituciones que financian los periódicos en su agenda diaria. Veremos que ocurre con el medio de comunicación que ha resistido a tantas batallas.