Santiago Romero: «Pensé que no lo contaba»

Un total de 652 trabajadores han muerto en accidente laboral en 2019, marcando así la mayor siniestralidad laboral desde el año 2011. En concreto, en 2019 han fallecido en esta situación 34 más que en el mismo periodo del año anterior, lo que implica un aumento en valores relativos del 5,5%, según datos del Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social.

Hoy hemos tenido el placer de hablar con Santiago Romero, joven agricultor de 22 años que sufrió el pasado fin de semana un accidente laboral que casi le cuesta la vida cuando un camión le barrió en el momento en el que se disponía a realizar una maniobra con el tractor. Por suerte para él salió ileso y puede contarnos su experiencia.

P.- ¿En qué momento fuiste consciente de la situación?

R: «La verdad es que hasta que el camión no estaba a pocos metros de mí, no sentí que todo podría acabar mal. Yo puse el intermitente 20 metros antes de la entrada a mi finca, ya que los agricultores somos conscientes de lo que supone para los demás conductores encontrarse de repente un vehículo que circula a una velocidad mucho más lenta. Por eso solemos avisar con antelación, pero se ve que algunos van muy confiados. Pueden ocurrir despistes o fallos, somos humanos, pero hay demasiado demente al volante».

 

P.- ¿Recibiste las disculpas del infractor?

R: «Sí, en el momento en el que recuperé el conocimiento, él se dirigió a mí atentamente y me pidió disculpas. La verdad es que en ese momento no piensas en otra cosa que no sea en qué te ha podido pasar. Me miré de arriba a abajo por si tenía lesiones graves, pero afortunadamente sólo perdí el conocimiento por unos minutos. Estaba muy nervioso pero al verme bien  se tranquilizó».

 

P.- ¿Recibiste atención médica inmediata?

R: «La verdad es que los servicios sanitarios acudieron cuando habían pasado ya un par de horas. Fue algo que nos llamó la atención, ya que mi padre estaba muy asustado y el conductor fuera de sí en un primer momento. Nadie sabía nada de primeros auxilios y si llega a pasar algo más grave, quizás no lo hubiera contado. El centro hospitalario más cercano estaba a 20 kilómetros y sólo tenían una ambulancia y un médico. Si llega a haber un accidente antes del mío, no hubiesen llegado nunca».

 

P.- ¿Es evitable este tipo de sucesos en la práctica agrícola?

R: «En la actividad agrícola hay numerosos accidentes laborales, ya sean en la carretera como yo o trabajando en la propia finca. Pero este tipo de accidentes no los podemos controlar nosotros, somos vulnerables ante los demás vehículos que circulan a nuestra par. Es necesario una campaña de concienciación para que en regiones como Extremadura, Andalucía o Castilla-La Mancha se tenga más empatía por nosotros, los conductores de vehículos especiales. Los accidentes laborales en las fincas no suelen suponer algo que vaya más allá de lesiones leves, porque no hay nada de riesgo en lo que hacemos, salvo casos muy concretos y especiales».

 

P.- ¿Están bien cubiertos los accidentes laborales que se producen dentro de la actividad agrícola?

R: «Normalmente sí. Las bajas de nuestros trabajadores se dan igual que en cualquier trabajo, cuando la lesión te impide desarrollar la actividad productiva. Sin embargo, lo que realmente ocurre es que hay una mala práctica en este sector, ya que hay un 60% de los trabajadores que no están asegurados y es entonces cuando empieza el lío. Todos quieren cobrar en «negro» para evitar impuestos, pero todos quieren también cobrar lo que les toca cuando tienen algún tipo de incidente».

 

P.- Las pocas muertes en accidentes laborales que se registran en el sector agrícola están relacionadas con accidentes provocados por la utilización de sus vehículos especializados, ¿hay que cambiar algo para que esto deje de ocurrir en su totalidad?

R: «No creo que los culpables sean las máquinas o los conductores. Simplemente son cosas que pasan. No hay nada que esté mal hecho y que provoque muertes. Lo mismo que te ocurre con un tractor te puede pasar con un turismo. Los descuidos en esos casos se pagan caros pero es condición de vida. Si es cierto que hay maquinaria más peligrosa que otras como pueden ser las vendimiadoras o las cosechadoras, pero en el sentido común de las personas está el no estar cerca por precaución».

 

P-. ¿Qué opinas de la seguridad que ofrecen otros sectores como la construcción o la siderurgia que son aquellos con mayor porcentaje de peligrosidad?

R: «La verdad es que por lo que puedo ver en un pueblo como este, la seguridad en esos sectores no está garantizada ni se le da la importancia que merece. Vemos a trabajadores en andamios sin arneses o sin cascos. Aunque esto sólo pasa en los pueblos pequeños, donde los inspectores no vienen a observar lo que hacen las pequeñas empresas. En las ciudades la cosa cambia, las empresas son más grandes y están más expuestas a inspecciones, por lo que están más al día en cuanto a cumplir los requisitos. Por eso, cuando pasan cosas siempre son en las pequeñas localidad. Además, es en los pueblos donde estos trabajadores no están asegurados en cuanto a la seguridad social se refiere, por lo que el problema es doble».

P.- ¿Cómo podría cambiar este panorama que eleva a España en el segundo país de Europa con mayor índice de muertes laborales?

R: «Seguramente el problema reside en lo que he dicho anteriormente. Hay que imponer duras sanciones a aquellas empresas y trabajadores que no estén dados de alta en la Seguridad Social, pero con mayor dureza y supervisión. Luego hay que tener en cuenta que hay ciertos trabajos con un riesgo laboral alto y que pueden ocurrir despistes que provoquen muertes, pero en 2019 ya hay unos requisitos de prevención laboral ejemplares en el panorama laboral».

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