Una vida dedicada al decano de la prensa hispalense
Es una de los 26 trabajadores afectados por el ERE del grupo editor de ‘El Correo de Andalucía’. Tras años cubriendo con pasión la sección cofrade de este centenario periódico regional, hoy desea continuar formándose y ofrece su dilatada experiencia por redes sociales en busca de quien le ofrezca la remunerada posibilidad de saciar su hambre de contar historias.
Carmen elige una reconfortante cafetería en miniatura para el encuentro, perfectamente al abrigo del incipiente invierno sevillano. Es puntual y espera en la puerta, pero no viene sola. La acompañan tres ex compañeros de redacción deseosos por igual de compartir sus vivencias. Es de admirar que muestren su apoyo a la periodista incluso si el precio a pagar es revivir momentos dolorosos como este.
Una vez dentro, se respira un aire sofisticado y se reproduce una selección musical que invita al coloquio y a la calma, solo opacada en ocasiones por el ruido de conversaciones ajenas.
Es una mujer de aura envolvente, tranquilidad infinita y voz baja y cálida que se quiebra al evocar tiempos pasados en la redacción de El Correo. Pide un té, toma asiento y sonríe, siempre sonríe.
Carmen comienza a hablar de periodismo y disfruta con cada palabra, dejando en evidencia que lo suyo fue siempre vocacional. Poco después lo afirma, pero hace ya rato que la pregunta se vuelve innecesaria por obviedad. Siempre le encantó escribir, pues encuentra en ello una vía de ayudar a sus lectores. También para ella la escritura es terapia.
Una vez contempla consagrar su vida al periodismo ya no piensa en nada más. Tal es su punto de decisión que, entre risas, confiesa que se arriesgó a presentar una solicitud universitaria en solitario, la que la ha traído hoy hasta aquí. ”Hubiera preferido repetir la selectividad a no conseguir estudiar periodismo. Me arriesgué, pero a veces la pasión implica tomar riesgos”. Y es que uno puede percibir fácilmente de Carmen que, de una forma o de otra, se las hubiera arreglado para vivir de la escritura, pues es de esas personas cuyos sueños siempre acaban tomando el mismo rumbo.
Desde entonces, valora su experiencia en la profesión, en general, positivamente. Sí que se muestra preocupada, pues el cambio de tono la delata, por la situación que, según ella, ha cambiado mucho a raíz de la crisis de 2008. Considera que el contexto y las nuevas tecnologías han transformado el concepto que tenemos de periodismo, y esto obliga a los periodistas como ella a adaptarse continuamente. Sin embargo, no se muestra reacia al cambio. Tiene ganas y voluntad de seguir formándose, y confiesa que está en proceso de mejorar sus habilidades en redes sociales.
Su humildad inherente, que no le permite mencionar en ningún momento su cargo de máxima responsabilidad en la redacción, le impide de igual forma definirse como periodista. Confiesa, eso sí, que le apasiona contar de forma sencilla historias personales, haciendo protagonista a gente de la calle.
Forjada en Odiel Información, periódico onubense hermanado con El Correo por pertenecer al grupo Prisa, su carrera laboral da un vuelco cuando el entonces subdirector de ambos medios le ofrece, previa petición, la oportunidad de trabajar en Sevilla. Nacida en la capital hispalense y con verdadera pasión por ella, acepta sin pensarlo demasiado y comienza a redactar en local, con salud y turismo, pero siempre con la devoción por el mundo cofrade en su mente.
Ante el recelo que puede suponer un cambio de aires tan brusco, admite que se sintió muy acogida por sus compañeros y valorada por sus jefes desde el principio. Hasta el inicio de estos años tan convulsos en su redacción, Carmen trabaja de forma libre y cómoda y consigue realizarse ejerciendo su profesión. Se entristece cuando habla sobre la llegada de esos tiempos más duros, en los que le toca ver cómo el periódico por el que tanto trabajó va perdiendo peso, respaldo y músculo para cumplir con lo que se le requería. Sin embargo, vuelve a sonreír cuando, llena de orgullo, cuenta que, como redacción, lucharon hasta el final para ejercer la labor más digna posible dentro de sus ya mermadas capacidades.
Nacido y editado en Sevilla, El Correo de Andalucía fue fundado hace casi 120 años, lo que lo convierte en el decano de la prensa sevillana. En un principio como parte de un proyecto religioso, terminó por convertirse en una dura oposición al régimen durante el franquismo tardío y la Transición. Algunos de sus dirigentes fueron destituidos por resultar incómodos para la dictadura, y en sus letras siempre se respiró la censura. Otros tantos fueron incluso detenidos y llevados a declarar por defender mediante el periodismo la democracia y la liberta que hoy se les niega a quienes continúan su legado, perdiéndose así un pedazo de historia viva de la profesión y de la capital.
Con 6 ERE a sus espaldas y antecedentes inmediatos en 2010 y 2013, el grupo editor asesta en junio del año 2016 un fuerte golpe a la redacción de El Correo. Siete compañeros son despedidos de improviso para ser sustituidos por colaboradores gratuitos. La cifra de una redacción de más de 120 trabajadores allá por el 2000 queda ya muy distante, casi imposible siquiera de imaginar. Se ponen en marcha entonces, como preludio de lo ocurrido este año, mecanismos de lucha y días de huelga que tratan de paliar esta situación tan desfavorable para los trabajadores y para el propio periódico. Se consigue así revertir algún despido, aunque otros siguen adelante. Comienza entonces una nueva etapa en El Correo en la que sus periodistas deben asumir que ya no pueden llegar a tantos sitios.
A pesar del pesimismo que cabría esperar, Carmen reconoce que nada cambió drásticamente en el día a día de la redacción. Se perdieron compañeros y reafirma lo evidente: fue duro. Sin embargo, la gente siguió comprometida hasta el final. Siempre se intentó reestructurar y repartir la tarea, que seguía siendo la misma pese a la reducción de las manos que sostenían la pluma. Finalmente llegó un momento en que no se podía abarcar más. Humanísticamente hablando se torna imposible.
En la última etapa, donde estaban todos muy unidos, se tuvo que apretar mucho para que el trabajo saliera a flote. Se terminó por concluir que, aunque el volumen de historias contadas era evidentemente menor que antes de los ERE, su firma debía seguir acompañando información de calidad. Para ello, las zonas más afectadas se cubrían de forma más simple y se apostaba por cubrir con dedicación aquello que cada uno podía aportar mejor. Priorizar el contenido como única solución para contrarrestar la reducción del alcance informativo.
Los despidos en El Correo TV del pasado mes de septiembre siembran un halo de incertidumbre sobre la redacción del periódico. Tras no fructificar la concesión de una licencia, la empresa decide apagar la señal a pesar de que no existía apremio por parte de la Junta de Andalucía ni de una resolución judicial. La periodista sevillana confiesa que, para entonces, ya se veía peligrar verdaderamente el presente y futuro del periódico, pues los trabajadores ya eran muy conscientes de que ambas empresas iban de la mano. Temerosos por sus trabajos comienzan a agruparse y a tomar medidas.
Así, el 7 de septiembre se decide por unanimidad convocar una huelga de la que ya no se regresa. El ERE, que afectaba a 22 personas de las 29 que componían la redacción del periódico, era en realidad un anuncio del cierre y no concedía espacio a expectativas. Al principio de forma intermitente, la presión de la ciudadanía y la ausencia de respuesta por parte del grupo editor provocan que las huelgas se tornen más frecuentes e intensas. Se produce el 15 de septiembre lo que consideraron que era una victoria importante. Se convoca una gran manifestación en la que se llama a la sociedad sevillana a la calle. El respaldo de los ciudadanos y también de compañeros de profesión es fundamental. “Pensamos que podría suponer un acercamiento a la empresa o un cambio de actitud hacia el estado del ERE”. Sin embargo, no se obtuvo ningún planteamiento con viabilidad.
Esta falta de muestras de acercamiento de unos responsables que nunca dieron la cara indigna a Carmen, que critica con dureza la gestión del conflicto afirmando que “el único acercamiento es vía una reunión de los abogados del grupo Morera y Vallejo con las 3 coordinadoras. Lo vivimos casi como un chantaje, porque condicionaban la continuidad del periódico a que nosotras siguiéramos, sin un plan de viabilidad ni un proyecto firme, ni siquiera con qué compañeros contábamos. Necesitábamos mucho más. Así ya llega el desánimo y entendemos que la única opción es la huelga indefinida. El periódico estaba claramente abocado a desaparecer.”
Si alguno se pregunta qué es lo que le resulta más difícil a un periodista de estar en huelga, esta en concreto indefinida, Carmen parece tenerlo muy claro. A pesar de que, como relata, cada uno tiene sus propias circunstancias que hacen de cada situación un mundo diferente, sitúa una carencia común y fundamental como es el no poder contar historias. De naturaleza curiosa, la periodista sevillana mira a su alrededor y encuentra mil relatos de valor que quiere transmitir a sus lectores. El hambre de contar historias es una característica intrínseca del periodista que no desaparece ni en los peores momentos. Los días de sucesos señalados sin la posibilidad de informar pesan en el alma inquieta de profesionales como Carmen Prieto y sus compañeros de redacción. Inclusive confeccionaron, años atrás, un periódico propio durante otra de estas huelgas, en concreto la de 2013, para saciar su necesidad de comunicar. De esto se muestra plenamente orgullosa.
Aboga por un periodismo plural y de calidad en el que deposita todas sus esperanzas. “El periodismo no se está muriendo y la gente sigue necesitando información, y por tanto periodistas.” Confía en que sus profesionales sean capaces de cambiar los enfoques, las perspectivas y la dinámica de trabajo, que ya no puede seguir como antes. “Debemos contar las cosas de forma más directas, con titulares más llamativos que hagan atractiva la noticia pero sin caer en el amarillismo. Capturar la atención de los lecturas hacia una información más extensa y de calidad.”
Entiende la muerte de un periódico como la muerte de una nueva y diferente perspectiva, un enfoque que nos enriquece y merece la pena leer. Con cada redacción que desaparece se va un trozo de democracia y pluralidad, y por tanto es un suceso a evitar a toda costa.
Con respecto a las redes sociales y la relación entre la información e internet, Carmen considera que la movilización virtual es fundamental porque llega a mucho más público que el papel. Habla sobre El Correo en Lucha, una cuenta de Twitter gestionada por trabajadores que, a través de una serie de hashtags, comparte con los ciudadanos el esfuerzo de la redacción por mantener el periódico a flote y que además conciencia a la sociedad sevillana y española de lo que ha pasado y está pasando al respecto. Algo abrumada en este aspecto cibernético, se ha propuesto aprender a realiza mejor gestión de sus redes y focalizarse en adaptarse a estas nuevas tecnologías que están transformando su profesión.
Considera que las funciones periodísticas se han visto alteradas en gran medida por el acceso facilitado del público a fuentes masivas de información. Así, el futuro de la profesión pasa por la capacidad de reinventarse, adaptando el periodismo a las nuevas necesidades comunicativas.
Sin embargo, no deja de hacer mención a los peligros del periodismo de tweets y a la profunda desinformación a la que se exponen aquellos que se documentan a golpe de titular, sin indagar en la verdadera noticia. “También en internet, el periodismo sigue estando vigente y sigue siendo necesario. La diferencia entre un tweet de un periodista y uno de cualquiera es que la información está contrastada. Tweets de gente de la calle o de otros medios que han querido ser más rápidos o los primeros y, al final se han equivocado por no contrastar la información y nosotros pues hemos sido un poco más lentos pero nuestra información era veraz.”
Cuando se le pregunta sobre su experiencia en El Correo despliega toda su racionalidad. Lejos de arremeter, a modo de venganza, contra el medio al que le dio todo y que ahora la pone en la calle, Carmen es prudente y es capaz de elogiar ciertos aspectos, sobre todo de su primera etapa, aunque critica también aspectos del mismo a partes iguales.
Afirma con rotundidad que en su trayectoria particular en este periódico siempre hubo verdadera libertad para trabajar, y por lo tanto no vivió en primera persona la censura ni los enfoques desmedidos. Incluso sale en defensa del grupo editor cuando se hace ilusión a casos de supuesta censura como el de la columna de Pascual González acerca del cierre, los cuales conoce de cerca y no duda en desmentir. Sí condena, por el contrario, la que se produce sobre una viñeta satírica al respecto, pues este tipo de situaciones restan crédito a la labor periodística en la sociedad. Al disminuirse la libertad se pone en entredicho la calidad informativa, lo cual se suma a una la que cataloga de ya no muy exigente sociedad en este aspecto.
“Si bien no vivimos censura como tal hasta este último episodio de la viñeta, sí que es verdad que, como todo medio, se sustenta principalmente por la publicidad. Había temas que, aunque no eran censurados, teníamos que tratar con cierto enfoque para no atacar a la empresa que publicita. No es plato de buen gusto que a un periodista le digan por aquí no o lo frenen porque los intereses del artículo no responden a los de la empresa publicitaria”, afirma Carmen, con un atisbo de comprensión comercial y un alarde de ética periodística.
“¿Qué ha sucedido entonces con El Correo?”, es la pregunta que puede formularse cualquier ciudadano. En boca de su compañero Javier Delgado, Carmen secunda rotundamente sus últimas declaraciones, en las que afirma que “los últimos años en El Correo de Andalucía han sido una batalla contra el atrevimiento de la ignorancia”. Tras recibir el Premio Blázquez a la sección de Deportes en la que es Jefe, en el pasado mes de octubre el periodista resumió los acontecimientos que rodean la polémica de esta forma tan contundente. Los continuos ERES, la consecuente merma de la plantilla y una nueva dirección empresarial carente de perspectiva periodística van actuando en detrimento de la calidad informativa del decano de la prensa hispalense hasta abocarlo a la situación actual. Es este último punto en el que Carmen parece situar la mayor parte del problema, pues afirma que se encontraban en manos de una empresa que no era especializada en comunicación ni letrada en estos asuntos. Si bien el Grupo Morera tenía mucha experiencia y mucho éxito en otros campos, no lo tenía en este. Para la redacción fue, por tanto, siempre muy contradictorio que hayan querido controlar hasta los últimos resquicios del periódico. “Sí que podíamos dar nuestra opinión, y de hecho nos la pedían, pero al final siempre se hacía lo que ellos consideraban, por encima de cualquier criterio periodístico.”
Así expresa con toda su rabia, pero también con una notoria tristeza, todo lo que han tenido que soportar en los últimos años, particularmente en materia de temas de portada. Se puede percibir en su voz la profunda afección de quien, siendo un apasionado del periodismo, tuvo que hacer caso omiso a sucesos verdaderamente importantes para hacer portadas de otros intrascendentes. El caso que recuerda especialmente, por carecer de toda lógica, es el del 17 de agosto de 2017. Cuando se produjo el ataque terrorista en Barcelona el año pasado, asegura, casi a plena carcajada completamente irónica, que tuvieron que pelear por convertirlo en tema de portada. “Chari Maldonado, esposa del Presidente y la persona que llevaba las riendas del periódico, llegó a decirme que los terroristas habían cometido ese atentado para ser portada de El Correo, que era lo que ellos querían y no podíamos dárselo. Después de una hora debatiendo y, supongo yo, buscando asesoramiento por fuera, conseguimos hacerlo tema de portada.”
De igual forma hace mención a los casos de los incendios de Doñana de 2017, que tampoco merecieron para sus directivos aparecer en primera página pese a tratar una problemática relativamente cercana, y particularmente la portada del Rey y el Príncipe que se convirtió en el centro de todas las críticas por parte de la sociedad sevillana. Carmen la cataloga, escondiendo su recelo en una risa, como “la famosa portada que seguro que habéis estudiado en la facultad con el titular de ocho líneas”, y se defiende a sí misma y a sus compañeros de redacción alegando que se ofrecieron multitud de titulares alternativos, más periodísticos e informativos, pero que desgraciadamente no fueron aceptados por la directiva y generaron, injustamente, burla y descrédito hacia periodistas que tuvieron que conformarse con la reconfortante compresión de muchos otros compañeros de profesión. “Se nos hacía incomprensible que nuestra opinión, la de profesionales del sector, no se tuviese en cuenta.”, resume con indignación.
Sobre la situación actual de El Correo de Andalucía, Carmen considera que ha desaparecido, que ya está muerto. Con 119 años de historia, superviviente de la Guerra Civil y, después de aguantar toda una madrugada, primer periódico nacional en publicar la muerte de Franco, ahora ya no escribirá más páginas.
Siempre sensata, defiende a capa y espada a los 3 antiguos compañeros que, junto con colaboradores corresponsales, actualmente se ocupan de la web, último resquicio del grupo de Morera. Recuerda cómo, aun siendo 29 trabajadores en activo en la redacción hace unos meses, ya estaban muy limitados, evidenciando así que ahora el volumen de trabajo abarcable es mínimo. “Eso ya no tiene nada que ver con lo que era El Correo de Andalucía. Ahora será otra cosa, a lo mejor con un nombre parecido, pero la verdad es que lo ha perdido todo. Ya no es El Correo de Andalucía.”, afirma Carmen con añoranza y también con notorio desconsuelo.
Ella, mujer coraje, siente que todo el esfuerzo mereció la pena a fin de cuentas. La lucha por su dignidad y la de sus compañeros, la del periódico y por último y más importante la de la profesión opacan sin duda una guerra infructuosa en cuanto a resultados.
Aunque no lo comparten con palabras, todos los integrantes de la redacción parecen pasar a ser conscientes, a partir de un momento puntual, de que ya no había vuelta atrás pese al éxito de las manifestaciones. Este punto de inflexión se remonta al 27 de septiembre, cuando se producen en el Ayuntamiento y el Parlamento sendas ovaciones y declaraciones de apoyo al movimiento de lucha por El Correo. Carmen lo recuerda como un día muy emocionante, pues una causa justa logra poner de acuerdo a todos los grupos parlamentarios. “Yo creo que ha sido de las pocas cosas que ha logrado unanimidad en esta legislatura. Rara vez surgen empresas cuya importancia rebasa las diferencias políticas.”, reconoce orgullosa.
Sin embargo, la sensación se torna agridulce pues tanto cariño suena ya a despedida y la situación de las negociaciones tampoco acompaña. Juan Espadas, alcalde de Sevilla, muestra su compromiso con la causa y refuerza una posibilidad no barajada hasta el momento, la de buscar nuevos proyectos que permitan a los trabajadores realizar su labor. Se acerca el final y el drama de la pérdida de empleo y parte de la historia del periodismo nacional contrastan con el masivo apoyo social e institucional mostrado. Para ejemplificarlo, Carmen Prieto vuelve a recordar a su ex compañero Javier Delgado, receptor del Premio Blázquez que entrega el Sevilla FC a la sección de Deportes de El Correo, entregado de forma posterior al cierre del periódico y, por tanto, reconocimiento a una excepcional labor periodística y jarro de agua fría a partes iguales pues recuerda a tiempos mejores.
Incluso cuando habla sobre su despido y el de sus compañeros, afirma con rotundidad que está segura de haber elegido el camino correcto, el que estaba hecho para ella. “Siempre se dice lo típico de: ‘ojalá mi hija no sea periodista, que la cosa está fatal y las condiciones son malísimas’. No obstante, yo creo que tenemos que hacer lo que nos gusta, pues solo así vamos a ser felices. Si quieres ser periodista, sé periodista, intentando ser siempre el mejor profesional posible”.
Ahora le toca lidiar con un futuro incierto en el que, sin embargo, la positividad que rebosa Carmen le hace ver muchas oportunidades donde otros ven infortunios. ”Quiero verlo en positivo. Es verdad que es duro y hay días en que te planteas constantemente qué hacer o hacia dónde tirar, pero prefiero verlo como un abanico de infinitas posibilidades para elegir.”
En estos momentos su prioridad es seguir formándose. Su voluntad por aprender parece no tener fondo, especialmente en los aspectos tecnológicos. Redes sociales e internet en general son su principal tarea pendiente y ahora pretende ponerle solución.
Aún considera que es pronto para decantarse por su próximo movimiento, pues han pasado poco más de 3 semanas desde que la situación le obligó a firmar su despido, lo que tampoco le ha dejado demasiado tiempo para la acción. Sí que ha comenzado a colaborar en una web, “Sevilla buenas noticias”, que le permite, mientras continúa su temporada de reflexión y búsqueda personal y profesional, saciar esa necesidad de contar que tanto la identifica, sobre todo sobre su apasionante temática cofrade. No poder hacerlo no le sienta nada bien.
Quiere un poco de calma para ver y decidir, porque tiene claro que esta vez pretende tomar las riendas de su vida profesional, hacer lo que le apetezca y probar en muchos sitios. Los últimos años la han obligado a empoderarse. “Sé que los sueldos no son los mismos, que el paro es alto y el sector no atraviesa su mejor momento pero, ahora mismo, y quizás también porque estamos muy al principio de este proceso, me preocupa más intentar trabajar en un proyecto y tomar la iniciativa. No quiero volver a pasar por lo mismo. Dentro de dos años quizás sigo en paro y cambia mi perspectiva.” Toca madera para que no suceda, y así debe hacerlo todo aquel lector que aprecie una buena y humana historia.