Una plaga de más de 3.000 de estos individuos amenaza la supervivencia de la población hispalense del nóctulo mayor.
En los últimos años, el número de cotorras se ha visto incrementado de manera exponencial, lo cual ha supuesto una drástica disminución de la comunidad de esta especie de murciélagos que habita en el Parque de María Luisa. La competencia directa por refugio y alimentación implica una pugna desequilibrada entre ambas especies.
Según datos proporcionados por Martina Carrete, investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), se estima que la población de cotorras ha superado ya la preocupante cifra de 3.000 ejemplares. Esto supone un incremento del 21% anual, un ritmo tan elevado que acelera la llegada a un punto de no retorno, tal y como afirma la Doctora Carrete. Asimismo, atendiendo a un informe de Dailos Hernández-Brito para Royal Society Open Science, el crecimiento total de árboles ocupados por cotorras desde 2003, fecha en la que se inician los registros, asciende hasta el 2192% en 2017.
Por el contrario, la tendencia de la población de murciélagos es inversamente proporcional debido a la competencia directa entre especies. Martina Carrete calcula que el número de nóctulos mayores se ha visto reducido en torno a la mitad, fundamentalmente por la pugna por el hábitat. En el Parque de María Luisa, hogar principal de estos murciélagos, el número de árboles que esta especie usa como refugio ha disminuido un 81% desde 2003, pasando desde los 75 iniciales a los catorce actuales, según los últimos estudios.
Su presencia en España se remonta a los años 90, debido a que la ley no era tan rígida en materia del comercio de animales exóticos, la cotorra se convirtió en una mascota atractiva y en auge en nuestro país. Importadas como mascota, pero de naturaleza salvaje, estos animales acababan a menudo libres, bien escapando de sus jaulas o soltados por sus propios dueños fruto de sus chillidos insoportables o su carácter agresivo. A esto se une la liberación de una serie de ejemplares en el Parque de María Luisa de la que nos hacen eco los expertos consultados. Así se explica el asentamiento de este tipo de aves en varias ciudades españolas, siendo la capital hispalense una de las principales afectadas.
Los dos tipos de cotorra que representan una verdadera amenaza para el ecosistema sevillano son la argentina (Myiopsitta monachus) y la de Kramer (Psittacula krameri), ésta especialmente agresiva y dañina con el entorno. Incluidas en el Catálogo de Especies Exóticas Invasoras nacional, tienen una alimentación principalmente granívora y fructívora, por lo que puede provocar serios perjuicios en cultivos. Pese a que suelen habitar en entornos urbanos debido a que los microclimas que presentan las ciudades favorecen su proliferación, también se están produciendo casos en los que estas aves alcanzan zonas agrícolas como ocurre en la zona del Aljarafe. Además, existe otra característica que hace especialmente peligrosas a las cotorras, y es que son potencialmente portadoras de enfermedades. El peligro no solo sería para otro tipo de aves, a las cuales puede contagiar la enfermedad denominada como enfermedad de Newcastle, sino que también podría llegar a contagiar otro tipo de síntomas a las personas debido a enfermedades como la gripe aviar o la psitacosis. Esta última puede contagiarse a través de la inhalación de polvo de material fecal seco procedente de las jaulas de estos animales o debido a la manipulación de aves que se encuentren infectadas. Los síntomas que pueden observarse en personas contagiadas por esta bacteria procedente de aves de la familia de los loros, como son las cotorras, son fiebre, artralgia, conjuntivitis, diarrea, epistaxis, escalofríos, leucopenia y, en casos más extremos, neumonía. En la actualidad no se ha llegado a la situación de alarma, pues no se ha detectado ningún caso de infección humana, pero si la plaga alcanza un tamaño demasiado peligroso, podría comenzar a ser peligroso.
Por otra parte, los nóctulos gigantes (Nyctalus lasiopterus) se han catalogado como una especie vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Esta especie europea tenía en el Parque de María Luisa la mayor colonia conocida en la última década, la cual se está viendo peligrosamente comprometida por la llegada de un competidor exótico: la cotorra. Carlos Ibáñez, investigador de la Estación Biológica de Doñana, considera de especial importancia prestar atención a este tipo de murciélago, pues una de las características que los hace más vulnerables es que no se asientan de forma definitiva en un mismo árbol, sino que van alternando diversas oquedades de zonas cercanas. Así, esta especie singular de mamíferos que suele convivir en colonias de números reducidos situadas en el interior del mismo árbol seguirá desapareciendo.
El problema surge cuando las cotorras, más agresivas, necesitan el mismo tipo de hábitat, por el que llegan a expulsar a los nóctulos a picotazos. Es ahí donde comienza una disputa, no solo territorial, sino también física, que desemboca en multitud de ocasiones en la muerte de numerosos ejemplares de murciélagos. En el periodo de 2016 a 2017 se registraron hasta 36 agresiones, de entre las que se localizaron veinte nóctulos muertos.
El problema, según los expertos, es que esas miles de aves exóticas pueden ser la consecuencia futura de graves modificaciones en el ecosistema hispalense, alterando por completo la situación de la fauna y de la flora que, desde siempre, ha caracterizado a la localidad andaluza. Según la científica Martina Carrete, «cuando hay una especie nativa que está siendo amenazado por una especie invasora, hay que actuar sobre esa especie invasora». La recomendación ofrecida al Ayuntamiento por el CSIC fue la de atacar con carabinas a los nidos de las cotorras. Para ellos, es la única solución factible actualmente. «Es horroroso. Es una medida antisocial que a la gente no le gusta y a mí tampoco. Pero cuando tengo que decir hago esto o hago lo otro, hay que hacerlo, aunque sea de una forma no bonita. Es la única que es efectiva».
Martina afirma que se deben tomar medidas drásticas de manera urgente para evitar la llegada del punto de no retorno. Según ella, la postura que se mantiene desde los estamentos oficiales del municipio sevillano de no adoptar este plan, recomendado en varias ocasiones por ciertos expertos, aparenta el deseo de mantener a las cotorras. «Hay que decidir entre matarlos o no hacer nada. Estás decidiendo quedarte con ellos y matar a los murciélagos».